sábado, 10 de septiembre de 2011

CUENTO ERÓTICO: “20 AÑOS NO ES NADA”





Por Dr. José Manuel González, autor del “Método González”
Cerca de 40 años ayudando a las parejas a fortalecer su relación...
Consultorio en Bogotá: Calle 119 No. 7-14, Santa Ana Medical Center.
Consultorio en Barranquilla: Carrera 51B No. 94-334, Centro Médico Vital.
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Leyó la noticia en la página web del periódico El Heraldo. Su corazón se acelero y su rostro adquirió una palidez mortal… se asusto, pero luego, lentamente, una sonrisa iluminó su semblante. Tomo el teléfono y marco a su secretaria. - “Virgy, consígueme enseguida un pasaje para Barranquilla… ¡ojala para esta misma tarde!”-.


Cinco horas después tomo el avión con dos maletas grandes, el equipaje de un hombre que regresa al hogar. El camino fue largo y dispendioso. Primero cruzar el Océano Pacífico hasta San Francisco, luego el gran Aeropuerto Internacional de Atlanta y después, la última escala, en Panamá. Allí hubo demoras por mal tiempo y solo alcanzó a llegar al nuevo aeropuerto internacional, entre Barranquilla y Cartagena, a las tres de la tarde del día siguiente.

El calor ya estaba bajando cuando tomo un taxi y sin más preámbulos le soltó aceleradamente la dirección de la casa de los padres de Sofía.  El taxista intento generar una conversación acerca del último partido que había perdido el Junior, pero él no le siguió el hilo, ensimismado en sus sentimientos de nostalgia, alegría, temor y ansiedad.

El taxi paro en la acera de enfrente. A través de la ventana vio el balcón del segundo piso. Ese largo balcón donde había tenido con ella muchas agradables conversaciones hace veinte años… y su mente dio un gran salto al pasado, mientras se bajaba del taxi.



– o – o – o –



El carro recorría la carretera hacia Santa Marta mostrándoles un paisaje divino, bajo un sol precioso. A la izquierda el mar y a la derecha los manglares. Miraban a lado y lado del camino mientras conversaban. Hablaban de todo y sonreían. Sofía reía más que él. La atmósfera de cordialidad y entendimiento era evidente. La mañana del domingo prometía ser excelente.

Conducía con su mano izquierda mientras su derecha jugaba con las manos de ella. La miraba y se sentía feliz mientras manejaba. Su risa lo volvía loco. Sofía despertaba en él muchísimas emociones agradables e intensas. Ella gozaba mucho el sentirse amada, protegida y admirada. A Sofía le excitaban sus palabras, los rasgos distinguidos de su rostro, el olor de su piel y la calidez de sus manos.   

A mitad del recorrido ella le puso las manos sobre el muslo y comenzó a coquetearle con frases de doble sentido. Sentía que se le cortaba la respiración cuando Sofía lo tocaba por ahí. La miro a los ojos y ella le devolvió la mirada con malicia.

- “Quítate el panty” pidió.

- “¿Para qué? respondió Sofía.

El se quedo en silencio. Ella lo miro a los ojos y luego levanto lentamente su falda blanca dejando al descubierto sus hermosas piernas y un diminuto panty, también blanco. Lentamente, con mucha picardía, se quito el panty, tapando a medias sus intimidades recién afeitadas, mientras él sentía un estremecimiento en su cuerpo, cada vez más caliente.

Le invadió su olor a hembra.

Sofía gozo intensamente la reacción de él ante su desnudez.

El carro seguía su camino mientras llevaba lentamente su mano derecha a donde ella esperaba, acariciando de paso sus piernas. Sentía que ese juego de tocarla y manejar en la carretera le encantaba.    

Los suspiros de ella le impulsaban a seguir acariciándola cada vez más íntimamente. Su olor se hizo más intenso. La atmósfera se cargo de erotismo. De pronto, a lo lejos, sobre la carretera divisaron estacionada una camioneta de la policía vial. Retiro su mano y comenzó a disminuir la velocidad del carro. Sofía se bajo la falda y se acomodo nerviosa en su silla. 

Pasaron lentamente al lado de los policías y los saludaron. Los agentes miraron distraídamente y les hicieron señas de seguir. La tensión bajo mientras ambos se reían del susto que habían pasado.

Al poco rato llegaron a Taganga. La carretera que bordea la montaña para descender al pueblo es hermosa y el paisaje es muy bello. El ruido de las olas y el olor del mar les traían muchos recuerdos eróticos. Extasiados con el azul del mar llegaron a la playa.

Dijo “amor, esto es algo casi tan bello como tú”. Ella se sintió plena. El sabía llegar a su corazón y producirle esas emociones intensas que la volvían loca.

Se sentaron en la terraza del Hotel La Ballena Azul a las 2 de la tarde. Ya tenían hambre. Para comenzar, él pidió una botella de vino blanco, Frontera, el chileno, bien fría.

- “Brindo por la mujer más bella que he querido en mi vida”. Sofía sonrió orgullosa y complacida.

Como siempre, bebieron despacio, mirándose a los ojos  y conversando.

El mar llegaba a playa con olas majestuosas. El olor característico del mar era intenso. Disfrutaron el placer mirar el paisaje que se abría ante sus ojos. La brisa marina les acariciaba el rostro y ellos disfrutaban de la experiencia que estaban compartiendo.

El mesero trajo la carta. Ella quería un róbalo con salsa de camarones, él pidió un róbalo a la plancha. Luego se puso de pie y fue hasta el mostrador del hotel. Hablo con la empleada a cargo y volvió.

Al rato, el mesero se les acerco a informarles que la habitación estaba lista. Delicadamente la tomo de la mano, le pidió al mesero que les llevara las copas y la condujo por el vestíbulo hasta la habitación principal, en el segundo piso.

Sofía se alegro cuando la vio, llena de luz, amplia, con una cama que parecía una cancha de fútbol  una enorme ventana que daba al mar, una tina redonda llena de agua con burbujas de colores, un baño sin paredes, un sofá amplio y una mesa redonda con tres sillas. 

Todo impecablemente ordenado, limpio… y muy blanco. Un olor a Jazmín inundaba el ambiente. 

Ella se le acerco despacio, miro su cara de facciones elegantes, su cuerpo armonioso y varonil, aspiro su perfume, lo abrazo y dijo muy pasito, casi en forma de murmullo, “gracias mi amor”.

Se besaron intensamente. Siempre le dijo, desde la primera vez, que sus besos eran deliciosos, que podría permanecer horas y horas besándola. Y de hecho, así ocurrió en algunas ocasiones.

Sus manos halaron lentamente la falda de Sofía hasta la cintura. Se metieron bajo el panty  y acariciaron suavemente sus caderas. Ambos se estremecieron y un rayo de pasión los atravesó. Ella rozó suavemente su cuerpo contra él mostrándole su deseo de ser poseída. La desvistió con mucha delicadeza y luego Sofía hizo lo mismo con él.  

Eran dos hermosos cuerpos desnudos unidos por un sentimiento sublime y una enorme fuerza erótica.

La recostó sobre la cama y recorrió todo su cuerpo con la boca, disfrutando su sabor. Ella gozaba sus besos y la sensación de tenerlo loco de pasión. La acaricio lentamente, muy lentamente. 

Recordó en ese momento que el Dr. Gonzalez, el calvito del programa de sexo en la televisión, decía que las mujeres son como las planchas, “tú las conectas a la electricidad y debes esperar un rato a que se caliente, a diferencia de los hombres, que son como los bombillos, se prenden apenas movemos el interruptor”.

Llenaron las copas y brindaron nuevamente. El vino estaba delicioso y él pensó “es un buen sauvignon blanc, mi variedad preferida”. Sofía pareció leerle el pensamiento y dijo:  “contigo aprendí a gozar este vino”.

Volvieron a besarse, esta vez dentro de la tina. Las manos de ambos recorrían todo sus cuerpos. Las caras, los cuellos, los pechos, los brazos, las piernas… se centro en sus senos. 

Le dijo: - “nunca te los operes, tienen el tamaño exacto para mi boca”, ella sonrió porque desde hacía un tiempo venia acariciando el secreto deseo de colocarse una prótesis para aumentarlos de tamaño.

Ella con picardía le toco las nalgas, se miraron a los ojos como dos compinches. Abrió lentamente sus piernas y le permitió invadirlo. Sofía comenzó a explorar el interior de su cuerpo, con sus dedos, en busca de su próstata y del famoso punto G masculino. El se dejo llevar… y se dedico a sentir esas nuevas sensaciones, mirándola a los ojos. Se sentía poseído por ella… y ella sintió el enorme poder que él le concedía en ese momento.

El mesero toco la puerta y ambos se pusieron enseguida de pie. Sofía se metió rápidamente en la cama, mojada, bajo las sabanas. El se coloco una toalla en la cintura y abrió. El mesero, con una sonrisa cómplice, sirvió la comida sobre la mesa y salió.

Ambos se besaron en la cama y luego pasaron desnudos a la mesa. Ahí fue cuando le expreso, por primera y única vez, su deseo de embarazarla. Ella sonrió y no dijo ni sí, ni no, ignorando que en ese momento su cuerpo estaba listo para engendrar un bebe.

La comida estaba deliciosa y el postre, en la cama, mucho mejor.

Esa tarde Sofía se entrego toda… y él la poseyó por cada uno de los 3 pórticos de su humanidad, con potencia, paciencia, ternura y mucho amor. Culminaron mirándose con ojos enamorados y susurrándose “te amo” muchas veces. Dos horas después estaban exhaustos y satisfechos. Se sintieron como unidos por una fuerza indestructible.

El regreso fue en cámara lenta. El atardecer, de frente, les acompaño durante todo el recorrido. Tomados de la mano miraron el cielo obscurecer en medio de muchos tonos rojos y anaranjados. El sol se oculto lentamente, mientras regresaban a Barranquilla.  Ambos gozaron el hermoso espectáculo que la naturaleza les regalaba, quizás para cerrar con broche de oro un día tan delicioso.

Ellos no sabían que ese era el último atardecer que compartirían juntos en los siguientes 20 años. 

Al día siguiente, las fuerzas inexorables del destino los separaron bruscamente, enviándolos a cada uno por apartados caminos diferentes. No volvió a saber de Sofía hasta que vio la noticia en Internet, en la página web de El Heraldo, veinte años después.



– o – o – o –



En ese momento, mientras él se baja del taxi, una mujer joven se asoma al balcón. Tal vez unos diecinueve años, con la sonrisa y el hermoso cuerpo de Sofía  y un bello rostro de rasgos distinguidos. Una idea cruza velozmente por su imaginación, “así sería una hija de nosotros dos”.

La joven sonríe y saluda con la mano a alguien que está detrás de él. Se vuelve lentamente y ve a Sofía  a unos 50 metros, preciosa a sus 44 años… siente la pasión que le inspiran las colinas de ese cuerpo que hace 20 años no recorre con amor. Ella le sonríe, después de reconocerlo.

Su corazón se contrae, él respira profundo y piensa, como dice el tango, “veinte años no es nada”…


FIN


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1 comentario:

  1. Hermosa historia!!!

    El amor, la pasión y la sexualidad a plenitud son universales.

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