viernes, 15 de febrero de 2013

CURSO BÁSICO DE EDUCACIÓN SEXUAL: NADA ES CASUALIDAD

El Heraldo, Revista Miércoles, Amor & Intimidad, Septiembre 6 de 2000

La sexualidad tiene causas. No es casualidad que nos excitan las mujeres delgadas, el roce de unas manos, la música romántica, las caricias de los senos, la frase erótica o los hombres con barba. No es casualidad que solo deseamos tener 2 hijos, vivir con nuestra pareja el resto de nuestra vida o que nuestra esposa nos obedezca en todo lo que decimos. No es casualidad que un joven sea promiscuo y termine contagiándose de SIDA.

Como decía en mi libro “Amor & Intimidad en el Caribe Colombiano”, algunas influencias vienen del organismo, principalmente a través de los sistemas nervioso, endocrino y circulatorio. Otras influencias son culturales y provienen de los conocimientos sexuales, las creencias sexuales, las actitudes sexuales y la escala de valores sexuales con las que nos educan. Las investigaciones científicas muestran que los humanos al nacer solo poseen unas primitivas tendencias sexuales de tipo instintivo y que por efecto del aprendizaje se va desarrollando la sexualidad.

Según Rubén Ardila, eminente psicólogo Colombiano, aprendizaje es todo aquello que adquirimos del mundo que nos rodea. Aprendemos a hablar con diferentes acentos según el área del país que nos criamos. Aprendemos a gozar las caricias del pecho y los besos en la boca o aprendemos a rechazar estas actividades. Algunas de mis pacientes, por ejemplo, se sentían mal con solo pensar en ser besadas.

Aprendemos a paladear con gusto un cóctel de ostras, o a reaccionar con asco cuando lo vemos. Aprendemos a montar bicicleta  y gozar el pasear en ellas. Aprendemos en comparar en un almacén y nos convertimos en cliente fiel de ese almacén. Aprendemos a excitarnos ante mujeres con caderas y busto grande o preferimos a las mujeres delgadas. Aprendemos a soltar nuestra excitación sexual o a frenarla hasta el punto de hacerla desaparecer. Aprendemos a golpear a nuestros esposos o esposas para resolver los problemas que se nos presenten en la vida cotidiana. Aprendemos a ser infieles o a respetar lealmente nuestros compromisos conyugales. Aprendemos a cuidarnos de las enfermedades de trasmisión sexual y a ser responsables con nuestras relaciones eróticas.

Aprendemos de lo que vemos, de lo que sentimos, de lo que oímos e inclusive de lo que nos imaginamos. Si una persona, por ejemplo, por lo que dice su madre se llega a imaginar que su mamá considera desagradable el sexo oral, es bastante probable que desarrolle un desagrado hacia este tipo de actividad sexual. Este aprendizaje puede darse sin haber hablado nunca con la madre sobre este tema y sin haber visto, oído o vivido una actividad bucogenital, sólo se aprendió de haberse imaginado lo que pensaba la mamá. Igual ocurre con la promiscuidad, o con la fidelidad, o con las creencias machistas.

La sexualidad humana se va conformando con todo lo que el individuo  aprende desde que nace y comienza a recibir influencias de sus padres, su religión, sus profesores, sus amigos y los medios de comunicación (periódicos, revistas, televisión, cine, etc.)

Aunque no se nos quiera dar educación sexual los humanos siempre aprendemos acerca de la sexualidad; si nuestros padres sienten desagrado por las caricias y evitan tocarse, nosotros aprendemos a frenar nuestras expresiones de afecto, cariño y excitación sexual.
Todo lo que vemos, oímos, leemos, sentimos, experimentamos y nos imaginamos con respecto al amor, al placer sexual, al cuerpo humano, a la masculinidad, a la feminidad, a la pareja, a la reproducción, etc. forma parte de nuestra educación para la sexualidad.
Una vida sexual sana, placentera, trascendente, responsable y edificante sólo se logra si aprendemos en una forma adecuada acerca de la sexualidad.

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